Pestañas

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cuanto me rodeaba...









Cuanto me rodeaba,
era un inmenso abismo
que tiraba y tiraba de mi centro,
hacia el denso silencio del vacio.

Nada en torno podía sostenerme.
Temblaba sacudida por el viento.

Más, levanté mis ojos a las cumbres,
y tu estabas allí,
sosteniendo mi alma... y sonriendo.



Joy Boixet




viernes, 13 de noviembre de 2015

Una, dos, tres...







Una, dos, tres
¡Todas mis rosas al aire!

Una, dos, tres
¡Todos mis besos al cielo!

Una, dos, tres
¡Todo mi pasado al mar!

Una, dos, tres
¡Todos mis sueños al viento!

Quiero nacer para tí,
como una aurora, de nuevo!


Joy Boixet



Todo era como no era...






Todo era como no era.

La sonrisa, quebrada,
se hizo llanto en el viento.
Pero todo era como no era.


Joy Boixet






Siento que te alejas...







Siento que te alejas.

Por la tarde en sombra
del amor que pasa,
siento que te alejas.

Que tus ojos miran
como no miraban,
que tus labios besan
como no se besa.

Por la tarde en sombra
del amor que pasa,
siento que te alejas.


Joy Boixet





sábado, 19 de septiembre de 2015

Me basta así. Por Angel González y Pedro Guerra






ME BASTA ASÍ


Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreir,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de eso sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-
                          entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría 
lo posible por ser Angel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
                       Oigo
constelaciones: existes.
                         Creo en tí.
                                    Eres.
                                         Me basta).


Angel González, autógrafo

autógrafo

No te rindas de Mario Benedetti





No te rindas


No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frio queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti



Una vez quise ser hombre. Por Rosa María Roffiel (México 1945)






Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.

Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi camiseta,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.

Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.

Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…

No es suficiente.
No les alcanza.

Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.

Rosa María Roffiel (México 1945)