Pestañas

sábado, 26 de septiembre de 2015

Toda la alegría de la primavera...






Toda la alegría de la primavera
la tengo anidada en el corazón.
El niño sonrie. Me mira a los ojos.
Siento en la mañana la mano de Dios.

Por el cauce abierto del día que nace
vibra un aleteo de gozo, de amor.
La risa del niño rueda por el aire.
Sobre el mar y el mundo yo sentí Tu voz.


Joy Boixet





Una sonrisa?...







Una sonrisa? una lágrima?
Risa o llanto... que más da!
Tal vez la sonrisa es llanto
y la lágrima cantar.

         Dentro, dentro de nosotros,
         alta y honda, la verdad.



Joy Boixet








La tarde entre las rosas...








La tarde entre las rosas
se muere de tristeza.
El crepúsculo tiene
sabor de eternidad.

Y las horas se alargan
en tiempo y en belleza
mientras se oye a lo lejos
el murmullo del mar.

La belleza es extraña.
El peso de su gozo
nos ahoga, nos hunde,
nos invita a llorar.

Y nos quedamos quietos,
terriblemente quietos,
temiendo que una lágrima
la pudiera quebrar.


Joy Boixet





viernes, 25 de septiembre de 2015

Quise tocar el día...





Quise tocar el día.
No sentirlo a través de mis pupilas.

Con los ojos cerrados
yo tuve la amapola entre mis dedos,
y la hierba y el agua
y la flor del espino.

Con una sensación nunca gustada
sentí la forma, acaricié el color.
Y fué hondo, más hondo
el deseo de amar todas las cosas.

Fué como si yo misma 
modelara en mis manos
el día y la belleza.


Joy Boixet





jueves, 24 de septiembre de 2015

Era todo perfecto...






Era todo perfecto.
El sueño y el deseo.
Todo estaba en su sitio.
Solo la cima
seguía aún
inaccesible.


Joy Boixet





Gracias por existir...



Camí de Ronda. Autor: Sergi González


Gracias por existir.
Gracias por ser,
por esta vida buena que me das,
por la luz de mis días,
por mis noches

                  ...Y por el mar.


Joy Boixet





Corrí por el campo verde...








Corrí por el campo verde,
verde de la primavera,
para salir al encuentro
de aquello que el alma espera...

Y hallé silencio en el agua
y hallé silencio en la flor.
Denso silencio. La muerte
helaba mi corazón.

Lloré por el campo verde,
verde de la primavera.
El tiempo hilaba mi vida
en el huso de su rueca.


Joy Boixet





... Y no te fuiste...








... Y no te fuiste.

Y yo estaba gozando
de aquel tu estar allí,
hasta que comprendí
que tu no estabas
Que te habías ido
en el momento exacto, en que supiste
que habrías de quedarte.


Joy Boixet





domingo, 20 de septiembre de 2015

Y la niña Alice...











Y la niña Alice,
en la cresta de la ola,
es toda espuma morena
con brillo de caracola.


                    Joy Boixet







Cómo me duele...





Cómo me duele que a nadie le importe lo
que nos duele...

Qué lujo, qué regalo,
un dia, un dia abierto como un dios desvenado.
Salirnos de nosotros para amar esa nube,
esa pluma de pájaro que desciende y eriza
la ternura del mundo.

Sería tan sencillo... y sin embargo,
basta el grito de un niño, la mirada
de una mujer mendiga,
para caer de nuevo en la obediencia
para llorar más solos que nunca la desdicha
de no saber por qué todo nos mata,
de no saber por qué somos esclavos,
de no saber por qué seremos siempre
humillados, oscuros, desolados, poetas.


Joy Boixet




En el aire de la tarde...




Calders (Barcelona) - La Font de Les Tapies




En el aire de la tarde
se abrió tenue una sonrisa.

En el aire de la tarde
dijiste -no se lo digas-

Caminos que son caminos
entre la vida y la muerte.

Caminos de bruma y llanto
por los que el alma se pierde.

Caminos que son caminos
entre la muerte y la vida.

en el aire de la tarde
dijiste -no se lo digas-




Joy Boixet





Se me pierden mis manos en la noche...








Se me pierden mis manos en la noche
hasta rozar la estrella del camino.

De todos los caminos.

Después las siento en mí,
húmedas de rocíos siderales.


Joy Boixet





Como un sueño entre dos lunas...








Como un sueño entre dos lunas
el corazón me brincaba.

He cruzado tantas veces
el rio que nos separa,
que al fin se trazó un camino
de espuma, sobre sus aguas.


Joy Boixet




Cuanto silencio, si...



Calders (Barcelona)



Cuanto silencio, si, cuanto silencio
en torno a mi carne estremecida.
El aire pasa, se enrosca en mi cintura
y en la tarde que muere, me hace espiga.

Y soy espiga en medio de la tarde,
en medio del paisaje de mi vida,
espiga que se dobla o se levanta
con el pasar constante de los días.


Joy Boixet





Cierro los ojos...








Cierro los ojos
y estás.
Y los abro
y ya te has ido.
Entonces
vuelvo a cerrarlos,
para tenerte conmigo


                       
                    Joy Boixet













Estás en mi...







Estás en mí. En toda la extensión de mi existencia,
en mi sangre, en mi agua y en mi viento,
en el borroso límite del alma
y en el límite exacto de mis dedos.

Casi materia eres, con la que el tacto goza
en el mundo abstracto de los sueños.

Si te pierdo, ideal, habré pasado
al mundo en sombra adonde van los muertos.





Joy Boixet





No me hallarías...






No me hallarías.

Yo sé que no me buscas,
pero no me hallarías
si lo hicieras.
Soy humo y brisa.
Huyo por las rendijas
de mi vida
y aún estando no estoy
si el paisaje se torna
áspero y seco.

Yo tengo un manantial
donde me pierdo,
donde la tierra huele
a primavera tierna
y florecida,
donde el alma se extiende 
al fin, libre del concepto
establecido,
sobre su propia idea.

Donde puedo labrar
mi propio cielo.


Joy Boixet




No hubo prodigio...





No hubo prodigio. Tan solo
una sensación amarga.

La vida se hizo pequeña
como llama que se apaga,
y la sangre tensa, en pie,
en el borde de las almas,
se fué volviendo a los cauces
de la tristeza diaria.

No hubo prodigio. Tan solo
una sensación amarga,
un poso de escepticismo
contra cualquier esperanza.


Joy Boixet





El niño se hizo hombre...





El niño se hizo hombre.
La inocencia quedó
como un juguete roto,
arrinconada.

Por un camino oscuro,
cegado, sin salida,
las palomas volaban
asustadas.


Joy Boixet





En toda mi alegría...












En toda mi alegría,
el poso amargo y triste
de tu ausencia.


                    


                                
                     Joy Boixet








Tendida sobre el viento...







Tendida sobre el viento,
contra el sol y el azul de la mañana.
Con el gozo infinito del momento
anulando deseos, sueños, ánsias...
Pasa el tiempo...

...Yo soy fuente que mana.

El estremecimiento
de mi ser, de mi cuerpo,
crece y crece y se hermana
con el gozo, y me siento
infinita y extraña.

Tendida sobre el viento,
soy como un niño al que crecieran alas.


Joy Boixet





Te dejo para ir contigo...






Te dejo para ir contigo,
porque llevándote en mí,
estás sin estar, más cerca,
que estando cerca de mí


Joy Boixet






Soy ave que retorna...




Soy ave que retorna

Se cerrará la puerta de mi jaula
y lloraré sin voz.

Mi mundo me limita.

La vida gira en torno
infinita e inmensa.

Han gritado mi nombre
y mi frente se estrella
contra el muro de piedra de mi vida.

Es tan grande el dolor
que me agiganta.
Y me siento encerrada
en la caliente cárcel de mis venas




                                                                                    Joy Boixet






Ya te siento en el aire...







Ya te siento en el aire
y en el agua
y en mis manos
asídas al recuerdo.

Ya eres de nuevo luz,
pluma, nube, corriente
en la que yo me pierdo
y me sumerjo.


Joy Boixet





Te estrecharé en mis brazos...







Te estrecharé en mis brazos.
Tu risa rodará sobre los vientos
y por el ancho cauce de la vida
el gozo de tus ojos tendrá horizontes nuevos.

Marcharemos despacio, cogidos de la mano,
mientras yo intento darte, sueño a sueño,
la voz que hay en las flores de los campos
y la voz del regato y de los brezos.

Porque quisiera darte para siempre,
no ya mi vida gastada beso a beso,
sino un sentido inmenso de belleza
para ese corazón aún tan pequeño,

arma para luchar día tras día
en el árduo y cansado cuerpo a cuerpo,
vida que fuera vida aún en tu pena,
llama que nada apagará en tu centro.


Joy Boixet






Sé que tenerte, tenerte...






Sé que tenerte, tenerte
ya no te podré tener.

En la vida de la muerte,
tal vez un día te encuentre.

Tal vez un día te encuentre
quizás, para volverte a perder.


Joy Boixet





El alma cansada de su encierro...





El alma cansada de su encierro,
se prende tenazmente en la mirada
y se acerca, con ternura infinita,
a todos los rincones de la estancia.

De esta estancia cerrada
a un crepúsculo que agoniza lentamente,
a una tarde que muere sin quejido,
como el recuerdo triste de un ausente.


Joy Boixet






sábado, 19 de septiembre de 2015

Me basta así. Por Angel González y Pedro Guerra






ME BASTA ASÍ


Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreir,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de eso sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-
                          entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría 
lo posible por ser Angel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
                       Oigo
constelaciones: existes.
                         Creo en tí.
                                    Eres.
                                         Me basta).


Angel González, autógrafo

autógrafo

No te rindas de Mario Benedetti





No te rindas


No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frio queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti



Una vez quise ser hombre. Por Rosa María Roffiel (México 1945)






Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.

Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi camiseta,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.

Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.

Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…

No es suficiente.
No les alcanza.

Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.

Rosa María Roffiel (México 1945)